Serious games y evaluación de riesgos participativa: que hable quien conoce el trabajo
La evaluación de riesgos: ¿trámite o proceso?
En muchas empresas la evaluación de riesgos se resuelve detrás de una puerta cerrada. El responsable de prevención recopila planos, fichas de seguridad y actas antiguas, rellena el documento y lo lleva a la firma. El resultado es formalmente correcto y sustancialmente mudo: describe el trabajo como alguien imagina que se hace, no como se hace de verdad.
El decreto legislativo italiano 81/2008 atribuye la evaluación de riesgos al empresario como obligación no delegable (art. 17) y prevé el documento de evaluación de riesgos en el art. 28. Pero "no delegable" no significa "solitario": el representante de los trabajadores para la seguridad debe ser consultado previamente sobre la evaluación de riesgos (art. 50). La norma abre un espacio de participación que en la práctica suele quedar en algo formal.
Si necesitas repasar los elementos estructurales del documento, empieza por cómo se construye el documento de evaluación de riesgos.
Por qué la participación no es un accesorio
La Guidance on risk assessment at work publicada en 1996 por la Comisión Europea (DG Empleo) es clara en este punto: según la ficha informativa de EU-OSHA que la resume, la identificación de los peligros y la adopción de las medidas de control deben basarse en la participación y la consulta de todas las personas que trabajan en el lugar de trabajo, en particular los trabajadores y sus representantes. EU-OSHA ha confirmado la actualidad de estas disposiciones.
La razón es práctica antes que jurídica. Quien ejecuta la operación conoce:
- los atajos que se toman cuando la línea va con retraso;
- las herramientas que "nunca funcionan" y los arreglos improvisados que las sustituyen;
- los puntos donde el EPI se retira porque impide trabajar;
- los cuasi accidentes que nadie ha puesto nunca por escrito.
Esta información no aparece en una entrevista frontal. Aparece cuando las personas tienen un contexto seguro, una tarea concreta y un motivo para hablar. Es exactamente lo que aporta un dispositivo lúdico bien diseñado.
Cómo funciona un taller de evaluación participativa
Un taller de este tipo dura normalmente media jornada e implica a 8–12 personas por departamento, con el responsable de prevención y el representante de los trabajadores presentes como facilitadores, no como examinadores. La estructura típica tiene cuatro fases.
Fase 1 — Mapeo de los peligros
Sobre la mesa se extiende el plano del departamento. Cada participante recibe fichas y las coloca donde percibe un peligro, sin discusión inicial. El mapa resultante ya es un dato: los grupos de fichas indican dónde la percepción del riesgo es compartida, las fichas aisladas indican conocimiento que posee una sola persona.
Fase 2 — Cartas-escenario
Se reparten cartas que describen situaciones breves y verosímiles: una avería, una entrega urgente, un compañero nuevo, un EPI que falta. Los grupos deben decir qué ocurriría realmente en su departamento. Las cartas desplazan la conversación de la autojustificación al relato técnico.
Fase 3 — Votación de prioridades
Cada participante tiene un número limitado de votos para asignar a los peligros identificados. La restricción fuerza una jerarquía y hace visibles los desacuerdos entre turnos, puestos y niveles jerárquicos. Esos desacuerdos son material de trabajo para el responsable de prevención, no una molestia.
Fase 4 — Simulación de las medidas
Para los tres o cuatro primeros peligros votados, los grupos proponen medidas y luego las "juegan": ¿qué le pasa al ciclo de trabajo, a los tiempos, a la calidad? Aquí se descartan las medidas que sobre el papel parecen obvias y en la realidad se esquivarían el primer día.
El valor del taller se consolida en la discusión final. Sobre la conducción de esta fase merece la pena profundizar en el debriefing tras un serious game de seguridad.
Herramientas digitales: la lección de OiRA
No todo tiene que ser analógico. La plataforma OiRA (Online interactive Risk Assessment) de EU-OSHA ofrece herramientas sectoriales gratuitas para microempresas y pequeñas empresas, nacidas del instrumento neerlandés RI&E, con el objetivo declarado de "desmitificar" la evaluación de riesgos. Según el Consolidated Annual Activity Report 2025 de EU-OSHA, en 2025 OiRA superó los 334.000 usuarios y más de 568.000 evaluaciones de riesgos realizadas.
Lo interesante para quien diseña talleres no es el software en sí, sino su premisa: la evaluación de riesgos se vuelve accesible cuando se descompone en preguntas comprensibles para quien hace el trabajo. Es el mismo principio que las cartas-escenario.
Qué dice la evidencia científica — y qué no dice
Hace falta honestidad metodológica. La scoping review de Rivière y colegas, publicada en JMIR Serious Games en 2025 (13:e66913) y dedicada a los serious games para la prevención de los trastornos musculoesqueléticos en el ámbito laboral, identificó unos 2.700 registros e incluyó 15 estudios.
Dos conclusiones son útiles para nuestro tema:
- Los serious games diseñados con procesos colaborativos e iterativos, que implican a usuarios finales y expertos del dominio, resultan pedagógicamente más sólidos. El codiseño con los trabajadores no es un adorno participativo: es un factor de calidad del dispositivo.
- Los autores señalan una brecha sustancial de evidencia empírica sobre la eficacia y limitaciones metodológicas extendidas en los estudios disponibles.
Traducción operativa: podemos afirmar que la implicación mejora el diseño, pero no podemos prometer reducciones cuantificadas de los accidentes. La forma correcta de presentar un taller lúdico a la dirección es como instrumento de recogida de información de otro modo inaccesible, con indicadores internos que medir a lo largo del tiempo.
Errores que evitar
- Convertir el juego en un examen. Si los participantes sospechan que sus respuestas acabarán en una evaluación individual, callarán.
- Dejar que dirija el taller el jefe de departamento. La presencia jerárquica directa suprime justo la información que buscas.
- No devolver nada. Si al cabo de tres meses nadie sabe qué ha pasado con las propuestas, el segundo taller no funcionará.
- Confundir participación y delegación. La responsabilidad sigue siendo del empresario: el taller alimenta la decisión, no la sustituye.
- Quedarse en el evento. Un taller anual aislado produce menos que un flujo continuo de notificaciones, como muestra la experiencia con el reporte gamificado de cuasi accidentes.
De la mesa de juego al documento
El resultado debe traducirse a una forma utilizable: lista de peligros con departamento y puesto, prioridades votadas, medidas propuestas con el resultado de la simulación, desacuerdos que quedan abiertos. Este material entra en el proceso de evaluación como fuente documentada, se discute con el representante de los trabajadores en la consulta previa y alimenta la actualización del documento.
El criterio de éxito es simple: si un operario del departamento, al releer el documento, reconoce su propio trabajo, el taller ha funcionado.