Documento de riesgos por interferencia y trabajos por contrata (art. 26, D.Lgs 81/08 italiano)
Cuando una empresa encarga obras, servicios o suministros a una empresa externa, en el mismo lugar empiezan a convivir personas, vehículos y trabajos de distintos empresarios. De esa convivencia nacen los riesgos por interferencia: peligros que no pertenecen a ninguna de las actividades por separado, sino que surgen de su encuentro. Es el caso clásico del electricista que trabaja mientras una carretilla elevadora atraviesa el mismo departamento, o de la empresa de limpieza que opera durante la producción. El artículo 26 del D.Lgs 81/08 italiano regula precisamente esto.
Qué exige el art. 26
La norma impone al empresario comitente — quien encarga el trabajo y tiene la disponibilidad jurídica de los locales — obligaciones precisas.
- Verificación de la idoneidad técnico-profesional de las contratistas y trabajadores autónomos, por ejemplo mediante la inscripción en la Cámara de Comercio y la autocertificación prevista en el anexo XVII.
- Información detallada sobre los riesgos específicos presentes en el entorno donde operarán y sobre las medidas de emergencia adoptadas.
- Cooperación y coordinación: los empresarios implicados cooperan en la aplicación de las medidas de prevención y coordinan sus intervenciones, informándose mutuamente para eliminar los riesgos por interferencia.
El DUVRI: qué es y quién lo redacta
El DUVRI — documento único de evaluación de los riesgos por interferencia — es el documento en que el empresario comitente identifica las medidas para eliminar o reducir esos riesgos. Es él quien lo redacta y lo adjunta al contrato.
Un equívoco frecuente: el DUVRI no evalúa los riesgos propios de la actividad de la contratista (de esos responde ella en su propio documento de evaluación de riesgos), sino solo los riesgos nacidos de la superposición de actividades.
Cuándo no hace falta el DUVRI
La ley prevé exclusiones. El DUVRI no se exige para los servicios de naturaleza intelectual, para los meros suministros de materiales o equipos y para obras o servicios cuya duración no supere los dos días, siempre que no comporten riesgos particulares (agentes cancerígenos, biológicos, atmósferas explosivas u otros riesgos del anexo XI). Aun así, permanecen las obligaciones de información y coordinación.
Ojo con otro límite: en las obras temporales o móviles reguladas por el Título IV, el documento de referencia no es el DUVRI sino el Plan de Seguridad y Coordinación redactado por el coordinador. Es un tema que tocamos al hablar de seguridad en obras y que conviene profundizar con un itinerario dedicado, también en clave experiencial como la escape room para la seguridad en obra.
Costes de la seguridad e identificación
Dos puntos prácticos a menudo olvidados. Los costes de la seguridad necesarios para eliminar los riesgos por interferencia deben indicarse específicamente y no están sujetos a baja en la licitación: una protección contra la compresión de la seguridad por motivos económicos. Además, el personal de las contratistas y subcontratistas debe llevar una tarjeta de identificación con foto, datos personales y empresario.
Convertirlo en un documento vivo
El mayor riesgo del DUVRI es volverse una formalidad firmada y archivada. Para que funcione, debe construirse con una visita conjunta, actualizarse cuando cambian trabajos o plazos y, sobre todo, comunicarse a quien opera sobre el terreno. Un encargado informado, como se describe en el papel del encargado, suele ser el eslabón que convierte la coordinación escrita en comportamiento real.
Gestionar las interferencias no es burocracia: es la forma en que empresas distintas, que por unos días o por años comparten el mismo espacio, evitan convertir su presencia mutua en un peligro. Un DUVRI bien hecho es ante todo una conversación entre empresarios, puesta por escrito.